Día 3
Barcelona con la hermana Ana María y la tía Tere
A las ocho de la mañana salimos de nuevo, pero antes la hermana Ana María nos preparó el desayuno: café, pan, algunos embutidos y queso. En agradecimiento por todo lo que habían hecho por nosotros, salimos con ella a comprar algunas cosas para la cena, algo muy típico catalán: pan con tomate.
Madre mía hermana
Con 87 años, Ana María camina como una adolescente. Tan rápido, que a veces es difícil seguirle el paso.
Primera parada: el pan. En su catalán de nacimiento saluda y pide todo en su idioma; para nosotros fue un verdadero deleite escucharla.
Segunda parada: los embutidos y los vegetales. Tomatitos, chorizo y otros detalles que terminarían siendo parte de nuestra última cena en Barcelona.
Cuando regresamos a casa, la tía Teresa ya nos estaba esperando para salir. Así que, sin más, agarramos un par de botellas de agua y nos lanzamos a otro día completo de caminata.
Empezamos por Las Ramblas, esos caminos largos que atraviesan la ciudad y mezclan arquitectura y naturaleza en un solo paisaje. Entramos a algunas tiendas y seguimos hasta llegar al Arco del Triunfo, una estructura grande e imponente que, inevitablemente, me recordó a la Puerta de Alcalá en Madrid.
En medio del recorrido apareció Sandra, “Samy”, una amiga de Piyin y Sandrix. Fue una coincidencia total: ella es la exnovia de un amigo de ellos. Aun así, nos acompañó toda la tarde, hasta la hora del almuerzo.
Siempre que pensaba en España, la palabra paella se me venía a la cabeza. Así que empezamos a buscar un buen lugar para comer, porque durante toda la mañana y parte de la tarde no habíamos probado bocado: solo caminar y caminar.
Mi tía ya empezaba a desesperarse… ¿les conté que es monja? La paciencia se le estaba agotando, y una gastritis comenzaba a anunciarse.
Finalmente encontramos el lugar, cada uno pidió su paella, y no decepcionó.
A las seis de la tarde teníamos cita con uno de los grandes íconos de la ciudad: la Sagrada Familia. Era el primer gran lugar que queríamos conocer. Intentamos entrar gratis con mi tía, pero no fue posible. Aun así, logramos ingresar y encontrarnos frente a semejante obra de Gaudí.
Las torres inmensas, los colores de cada estructura, el detalle de cada pieza… todo impresiona. Es un legado monumental que, incluso hoy, sigue sin terminarse.
De regreso en la noche hicimos nuestra cena de despedida de Barcelona: pan con tomate, Coca-Cola y torta. Una torta que le compramos a la tía Teresa por su cumpleaños, que sería ocho días después.
Así terminó un día intenso, lleno de caminatas, encuentros y razones para agradecer.