Javi Acero

Journal / EuroTrip / Día 36 y Día 37

Día 36 y Día 37

Toledo, Madrid- España

Regresamos a Madrid y fuimos a comprar boletos para un partido entre Rayo Vallecano y Las Palmas. En ese momento James todavía jugaba en Vallecas y la idea era ir a verlo en cancha. El fútbol, otra vez, como excusa perfecta para seguir sumando experiencias.

Despedida de Papa y encuentro con el tío Raúl

Ese día también fue la despedida con nuestro amigo. Despedirse nunca es fácil, y menos cuando no se sabe cuándo volverán a cruzarse los caminos.

Aun así, dejamos una promesa pendiente: tirarnos en paracaídas cuando él llegue a Colombia. Algo había que dejar marcado para el futuro.

Luego teníamos una visita especial: el tío de Piyin y un amigo suyo, Raúl y Germán. Ellos viven en un apartamento cerca del Templo de Debod, muy cerca también del centro histórico. Cuando llegamos, ya nos estaban esperando.

El apartamento era grande, espacioso y lleno de detalles. De esos lugares que se sienten vividos y cuidados, y que dan gusto recorrer con la mirada.

El tío tiene algo particular: es extremadamente limpio y ha viajado muchísimo, así que hablar con él es un placer. Cada conversación termina siendo una pequeña lección de vida y de mundo.

Eran un poco más de las cinco de la tarde cuando salimos casi corriendo hacia el Templo de Debod para ver el atardecer.

El lugar hace honor a su fama: un ambiente bohemio, gente reunida, silencio y luz dorada cayendo lentamente sobre la ciudad.

Al regresar a casa, nos tomamos un vino, lo justo para cerrar el día y entregarnos al descanso.


Centro de Madrid

Al día siguiente todo fue más tranquilo. Salimos a caminar con Raúl y Germán, desayunamos en casa y recorrimos la ciudad sin afán, como si Madrid nos invitara a bajar el ritmo.

Conocimos algunos monumentos, nos encontramos con una de esas esculturas inconfundibles de Botero, pasamos por el Museo del Prado y caminamos por el Parque del Retiro, el gran pulmón verde de la ciudad.

Nos invitaron a comer tapas y postres. Fue uno de esos almuerzos largos, generosos, donde nadie mira el reloj.

Difícil imaginar un mejor final de viaje que ese: buena compañía, comida compartida y cero prisa.

En la tarde fuimos al partido. Volver a sentir la emoción del fútbol siempre suma, aunque se vive distinto a Colombia, donde el calor de la hinchada se siente más intenso. Aun así, el ambiente tenía lo suyo.

Compré una bufanda y la ondeamos cuando James salió a la cancha, cerrando así otro capítulo futbolero del viaje.

En la noche compartimos una última comida y nos fuimos a dormir temprano.

Al día siguiente tocaba visitar Segovia.

El viaje aún tenía una historia más por contar.

← Día 26: Toledo - España Día 28: Segovia- España →