Javi Acero

Journal / EuroTrip / Día 10

Día 10

Val di funes, Lago braie - Italia

Muy temprano empezamos a preparar nuestro almuerzo: sánduches de pollo, empacamos papas y gaseosa. Nos esperaban dos lugares a los que les tenía mucha ilusión: ver parte de las Dolomitas, en forma de montañas y lagos.

Los alpes Italianos ♥

Fuimos por el carro y, una vez más, empezamos a sorprendernos con los paisajes. Tomamos la primera ruta desde Trentino hasta Val di Funes. Con algo de música de fondo, nos íbamos acercando al destino. La primera impresión del pueblo fue la de un lugar con pocas casas, pero con unas vistas que apuntaban directamente a una montaña con tres grandes puntas. Solo eso ya nos voló la cabeza.

Pasamos por algunos recorridos que estaban cerrados, lo que nos generó un poco de susto ante la posibilidad de no poder caminar por la zona. Unos metros más adelante encontramos una pequeña iglesia en medio de un valle verde, un paisaje tan lindo que, al acercarnos, nos dimos cuenta de que había que pagar 4 euros para verla más de cerca.

Por inocentes —pensando que incluía un recorrido más largo— nos sentimos un poco robados. Esos 4 euros podían ser fácilmente un combo en McDonald’s (así medíamos el dinero en toda Europa). Aun así, la iglesia era muy bonita: pocas bancas, mucha elegancia y buenas fotos. Y no fuimos los únicos que nos sentimos estafados; la cara de los demás visitantes decía exactamente lo mismo.

Unos metros más arriba nos encontramos con una pareja de británicos, o tal vez noruegos, que nos recomendaron otra app para ver todos los caminos y senderos disponibles. Ahí nos dimos cuenta de lo gigante que era el parque: había tantas líneas por todos lados que ni siquiera encontramos el famoso punto de “usted está aquí”.

Eso sí, encontramos a una taiwanesa. Y Sandra, la que “no hace amigos”, terminó hablando con ella y hasta intercambiaron redes sociales.

Después de analizar el mapa, decidimos tomar una de las caminatas. Elegí una ruta que nos acercaba más a la montaña de los tres picos y, sin saber cómo eran las demás, creo que elegimos bien. Aproveché para practicar una técnica de larga exposición, buscando ese efecto tipo seda en el agua, y la foto salió muy bien.

Subimos alrededor de una hora —la mayoría de rutas eran de entre dos y cuatro horas— y bajamos otra hora más. Al regresar, nos sentamos en el carro a comer y nos alistamos para nuestro siguiente destino.

Tardamos un poco más de una hora en llegar al Lago di Braies. Mentiría si dijera que el recorrido era igual al anterior, porque este ya combinaba montaña con algo de nieve. Pasamos entre dos montañas y, al salir, apareció el lago: simplemente impresionante. El agua era tan cristalina que daban ganas de tirarse a nadar.

Parqueamos el carro ya entrando la tarde, todavía sin creer lo que estábamos viendo.

Cuando entramos hicimos el recorrido que rodeaba el lago, iniciamos a un paso moderado aunque sabíamos que teníamos que acelerar porque ya estaba entrando la noche, las montañas se teñían del naranja de la caída de la tarde, cosa que hizo aún más mágico el paisaje. Llegamos a un punto donde teníamos dos opciones, una era regresar y la otra era terminar de dar la vuelta a la montaña.

Tomamos la segunda opción, eran más o menos las 6:30pm cuando terminamos el recorrido y al final había un grupo de fotógrafos, tal vez eran unos 5 o 6, cosa que me hizo pensar que ese día la luna estaba en luna creciente un poco más de la mitad y por un taller que hice de astrofotografía en ese momento también estaba la vía láctea en sus últimos momentos, pensé que los fotógrafos estaban allí por esas fotos.

El frío era tan duro que Sandra decidió ir al carro después de tomar unas buenas fotos de las estrellas que nos estaban acompañando, el resto del rato me quedé con Piyin, pero no había nadie más era tan oscuro que cualquier ruido era tema de miedo, así que inicé haciendo unos timelapse de las estrellas con un poco del bosque como composición, las fotos salieran chéveres, pero Piyin quiso ir por Sandra para que nos acompañara y así quedé solo con un miedo que me empezó a invadir, tan solo se fue 15 min y yo sentí como si hubieran pasado 2 horas, cuando llegaron pensé que no eran ellos, pero mientras se iban acercando escuché la voz de Piyin y sus chistes bobos.

Salimos del bosque y las luces del lugar daban un ambiente muy romántico, había un hotel al frente del lago y fuimos por un café, un lugar elegante. Con eso nos despedimos de un lago que combina la calidez, la elegancia y la tranquilidad de ese sitio.

← Día 9: Roma, Florencia, Trento - Italia Día 11: Zillertal- Austria →