Javi Acero

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Día 39 y Día 40

Madrid

Nuestro último día fue tranquilo. Arreglar la maleta, comprar las últimas cosas, esos pequeños detalles que siempre se dejan para el final.

Madrid- España

Ya no había prisa ni planes nuevos, solo tiempo para recordar.

Ese día salimos a comer algo con el tío Raúl y Germán, quienes se separaron de nosotros por un par de horas mientras nosotros seguíamos el camino.

Quedamos de encontrarnos en la Plaza Mayor de Madrid y, para esto, teníamos que llegar a una hora específica. Si no estoy mal, a las 3:00 p. m. En la distracción del momento ya íbamos tarde, por lo que Piyin, con su puntualidad, nos hizo caminar a su paso, que se parecía al de la hermana Ana María, casi corriendo.

Esa fue nuestra última tarde. Compartimos un café y fuimos caminando a casa.

Mientras cerrábamos el equipaje, quedaba claro que no se trataba solo de los lugares visitados, sino de todo lo vivido en el camino.

Los trayectos largos, las risas, el cansancio, los encuentros y las despedidas.

Piyin me cargó varios imanes. Creo que fui el que más compré porque tenía que llevarle a mi mamá uno de cada lugar por donde iba pasando.

No había mucho más que hacer, salvo aceptar una certeza:

había sido el mejor viaje que he tenido.


La despedida de nuestro Eurotrip

Teníamos un viaje temprano, por lo cual optamos por tomar un bus para llegar al aeropuerto.

El bus llegó muy puntual y, al momento de subir, golpeé sin intención la puerta con el trípode. El conductor no lo vio bien y reaccionó de mala manera.

Le dije que se calmara, que había sido un accidente.

Luego tomamos el avión y nos esperaba un vuelo de diez horas, ideal para dormir.

Al llegar, nos estaban esperando una amiga de Piyin y mis papás. Juntos llevamos a Sandra a la casa y así concluyó el viaje.

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