Día 1
Bogotá
La aventura comienza muy temprano. El vuelo sale a las 7:00 a. m., así que debemos llegar
tres horas antes. Esta vez viajamos tres personas: Piyin, Sandra y yo.
Son las tres de la mañana cuando suena la alarma. Me levanto para bañarme y organizar los
últimos detalles: empacar cargadores, hacer una última revisión de documentos y pedir el
Uber que me llevará al aeropuerto. Todo se hace en silencio, con esa mezcla de sueño y
expectativa que solo aparece antes de un viaje importante.
En el aeropuerto ya me estaban esperando, en la puerta cuatro. Sandra se fuma un cigarrillo
y luego entramos a la sala de espera. Gracias a los beneficios de la tarjeta de crédito,
Sandra y yo entramos a una sala VIP, sin Piyin. Desayunamos y empacamos dos Coca-
Colas y varios panes para llevarle, porque él no podía entrar.
Inicio
De manera muy puntual comienzan a llamar a los grupos. A mí me corresponde el grupo F. Antes de abordar hacen chequeos de seguridad y antinarcóticos; revisan a algunos pasajeros y, finalmente, entramos al avión. Es grande, con tres filas de asientos por sección. Nos acomodamos y esperamos la autorización para despegar.
Por suerte me toca ventana. Desde ahí puedo ver un poco del amanecer mientras el avión toma velocidad. Ese momento siempre tiene algo especial.
El vuelo dura nueve horas. Tiempo suficiente para dormir, escribir un poco y pensar. Cada hora se siente. Los asientos no son tan cómodos y el espacio para estirar las piernas es mínimo, pero aun así la emoción crece a medida que nos acercamos al destino. El viaje apenas comienza.