Journal / Vida a bordo Gorgona
Vida a bordo Gorgona
Tres días de buceos en Isla Gorgona, en el Pacífico colombiano, junto a un grupo de buzos certificados. De ser una antigua cárcel de máxima seguridad a convertirse en uno de los ecosistemas marinos mejor protegidos del país, Gorgona ofrece algo que pocos lugares en Colombia tienen: aguas prácticamente vírgenes, tiburones de arrecife, y selva en lo que fue una cárcel en los años 80’s
Paisaje, Gorgona, buceo
Javi Acero
24 Sep 2025
Presupuesto del viaje
Antes de zarpar, así quedó organizado el presupuesto para la experiencia en Gorgona:
Experiencia: $3.950.000
Vuelo Bogotá-Cali 250.000
Vuelo Cali-Bogotá 250.000
Certificación Nitrox (obligatoria por la cantidad de buceos) 500.000
Equipo de buceo (total $705.000):
• Chaleco: $300.000
• Computador: $150.000
• Linterna: $120.000
• Aletas: $135.000
Día 1 — Bogotá a Buenaventura
El vuelo salió de Bogotá a las 5:30am, con destino Cali, a donde llegué a las 7 de la mañana. A penas llegué lo primero que hice fue ir a buscar un café y una hora después el desayuno.
En el aeropuerto empecé a buscar a Jose, el encargado del viaje y dueño de Travel and Diving junto con Gloria. No fue difícil ubicarlo: llevaba consigo varias maletas cargadas con todo el equipo de buceo del grupo. Lo saludé, me presenté, y desde ese momento arrancó la convivencia. Ahí conocí a Aleja, a Yinet la hija Helena y Basilio. Más adelante en un hotel de Cali recogimos a Susy, Sofi, Elsa, Ale Goes, Beatriz y Gabi.
Ya con todos en el transporte nos fuimos para Buenaventura, punto de partida hacia Gorgona.
El camino a Buenaventura
Paramos en una fonda para almorzar, y ese almuerzo terminó siendo todo un espectáculo: compartimos mesa y empezamos a hablar de buceo, y uno queda sorprendido de los lugares donde ya habían buceado — Japón, España, Maldivas, México, Galápagos. Todo el parche era impresionante. La mayoría éramos buzos avanzados, excepto Elsa, que tenía el Open Water, y Aleja, que era Divemaster, un nivel más profesional que el resto.
Después del almuerzo salimos rumbo a Buenaventura, pero un trancón nos retrasó y llegamos a las 7 de la noche. Hubo riesgo de no alcanzar a zarpar, pero al final tuvimos luz verde.
El embarque
Una lancha nos llevó hasta el barco que sería nuestro hogar durante los siguientes tres días. Al embarcar nos recibieron con un cóctel de bienvenida y una presentación de toda la tripulación — nos esperaban 9 horas de navegación. Cenamos, y a cada uno le asignaron su habitación.
Día 2: Primeros buceos en Gorgona
Después de 9 horas de navegación y un mareo considerable por el fuerte movimiento del barco, llegamos a la isla. No dormí mucho — el rebote del barco fue impresionante — pero fui de los primeros en sentarme a la mesa a esperar el desayuno, con la isla de fondo. La comida, en todas sus versiones, fue de restaurante cinco estrellas: siempre había fruta, galletas para picar, arequipe, salsas.
El grupo completo se reunió a desayunar antes de empezar la rutina de buceos — en total serían 11 durante los tres días.
El buceo de inspección
Antes del almuerzo hicimos el primer buceo del día, de inspección: revisar cómo estábamos todos en el agua y asignar el compañero del que cada uno debía estar pendiente. Nos acompañaban dos instructores Pepe y Oliver y Jose, quienes daban el brief de lo que íbamos a encontrar en el punto. Para bajar hasta el sitio había que subirse a un zodiac, una lancha rápida que nos llevaba directo ahí. Fue un buceo hermoso, con mucha vida marina. Después volvimos al barco para almorzar y una siesta bien merecida.
La tarde
En la tarde tocaban otros dos buceos. Esos buceos fueron muy divertidos; yo hice de camarógrafo, estrenando el case de la cámara.
El buceo nocturno
Para cerrar el día, el cuarto buceo fue nocturno — una experiencia completamente distinta, con la vida marina mostrando un comportamiento diferente bajo las linternas. En la oscuridad nos encontramos con meros descansando entre las rocas, un par de tortugas que se dejaron acompañar un buen tramo, y morenas asomadas desde sus escondites, atentas a cualquier movimiento. Después de salir del agua terminamos bailando con la tripulación y tomando unos rones. La verdad, todo fue increíble.
Día 3: Tiburones y una noche bajo las estrellas
El día empezó mejor: ya uno se acostumbra al movimiento del barco, y la noche fue mucho más fácil de dormir. Como todos los días, al levantarse ya estaba listo el desayuno — agua, fruta, de todo, con un menú distinto cada vez, incluso pensado para quienes eran vegetarianos. Ese día tocaban 4 buceos.
A buscar tiburones
Después del desayuno nos alistamos: traje puesto, brief de los instructores, y al agua. Ese día nos tocaba ir a ver tiburones. Con algo de miedo empezamos a avanzar, y de un momento a otro apareció una cueva con uno adentro. Metros más adelante, otros tres — y en cierto punto, tres tiburones nos tenían completamente rodeados.
El mirador de las ballenas
Fuimos también al mirador donde normalmente pasan ballenas, delfines y tortugas. Desafortunadamente no las vimos, pero sí las escuchamos — sonaba como si estuvieran justo al lado.
La noche bajo las estrellas
Ya en la noche, contamos historias alrededor de un ron y terminamos todos hablando sin parar. Le pregunté muchas cosas a Jose sobre su vida — es español y está casado con una colombiana, así que las historias fueron bien interesantes. Me quedé en medio de la noche viendo estrellas, hasta que por fin me dio sueño.
Últimos buceos y la cárcel de Gorgona
Ese día tuvimos 3 buceos: dos en la mañana y uno en la tarde. Ya había bastante cansancio acumulado, y a eso se sumaba la rutina de ponerse el traje, quitárselo, y volverlo a poner — pero eso también era parte de la aventura.
Buceando al detalle
Intentamos buscar ballenas, pero otra vez no tuvimos la oportunidad de verlas. La visibilidad ese día estaba difícil, así que nos tocó ir al detalle: animales pequeños, buceando bien pegados al fondo para poder encontrarlos.
La cárcel de Gorgona
En la tarde tuvimos la oportunidad de ir a la isla y conocer la antigua cárcel. Fue un momento energéticamente pesado — apenas se pisa la entrada, ya se siente. La guía, muy querida, nos fue mostrando todo, y ahí aprendimos que a veces los humanos no tenemos humanidad: los presos vivían en total abandono, en condiciones muy difíciles.
De capitanes por un día
En uno de los recorridos le dimos la vuelta completa a la isla, y esta vez no solo como pasajeros: el capitán nos dejó tomar el timón un rato, sintiéndonos capitanes por un momento. Aprovechamos también para conocer el barco de primera mano, con él contándonos cómo funcionaba cada parte y lo que implica navegar estas aguas día tras día.
Día 5: El regreso
Ese día regresamos a Buenaventura después de un viaje de 9 horas en barco. Llegamos temprano, nos dieron el desayuno, y de ahí en bus hasta el aeropuerto, donde nos despedimos todos con una alegría que no se puede explicar.